Reseña: Hermano.
Cuando supe que la cinta Hermano de Marcel Rasquín ganó unos premios en Rusia, ese mismo día me enteré de que existía la cinta. Llámenlo como quieran, pero mi ánimo hacia el cine nacional no es el mejor, sobre todo porque soy cinéfilo en una época en donde la producción nacional no es de lo más sobresaliente. Viviendo siempre en autocrítica, la producción nacional no nos ofrece sino cintas de gestas patriotas, barrios citadinos y revueltas políticas, como si en este país los medios no se dieran banquete todos los días para inundarnos de chatarra mediática, lo menos que busco en la butaca es ver lo que todo el día tengo escuchando. Las contadas veces que salen de la regla nos ofrecen productos mediocres y en algunos casos verdaderos bodrios de películas.
Con esos antecedentes, después de ver la mayoría de las películas nacionales que han pasado por cartelera y siendo esta la primera vez que escribo una reseña de una cinta nacional procedo con cautela pero sin reservas a emitir mis impresiones de la cinta. Hermano es una cinta que explota preceptos ya establecidos en el cine, como la relación familiar, los deseos de superación, los rollos de adolescentes y junto a eso el drama de los sectores populares caraqueños. El telón de fondo para unir esos ingredientes es el fútbol.
Desde el comienzo y casi llegando a la mitad del metraje pensaba insistentemente que me habían engañado cuando me aseguraron que no era la típica película venezolana de malandros, porque en esencia lo que veía hasta el momento era eso, salvo algunos minutos excelentemente logrados al principio de la cinta. Sin embargo, Hermano posee una cualidad única que la salva del fracaso y es que durante algún momento entre la mitad de la cinta y su desarrollo posterior esta se rescata a sí misma de caer en el cliché de película venezolana de barrios y malandros. La primera mitad avanza a paso regular, tejiendo los acontecimientos con la intención de incluir al público en lo convulsionado de la vida en el barrio, con los elementos clásicos de éste, el jefe de los malandros, la abnegada madre que se gana la vida honradamente, los jóvenes en el mal camino, el que no sabe nada ni quiere entrar en el mal camino y por supuesto, los que quieren que la vaina eche pa’lante a pesar de todo…los elementos comunes, sin exceso y sin falta. También tenemos el fútbol como combustible de la trama, bastante bien escogido como telón de fondo, por la época en que se estrena la cinta obviamente y por ser el fútbol un inquilino reciente que genera pasiones en el imaginario colectivo del venezolano. En la cinta el fútbol representa la esperanza, la puerta a un futuro mejor, son las escaleras para bajar del barrio, es el catalizador del verdadero color de las emociones de los hermanos y es precisamente un juego de fútbol que propicia el punto de quiebre de la cinta y la encamina hacia algo más grande.
Sin ánimos de buscarle las 5 patas al gato ni de hacer un reseña muy ostentosa, debo concluir que la cinta de Rasquín me dejó gratamente sorprendido, por su aparente sencillez, pero que detrás lleva un mensaje que estoy seguro llegará a cada uno, con diferentes significados pero con esencia similar. Una historia bien contada.




huuummmmmm….!! voy verla a ver que tal, aunque como muchos soy algo escéptico con respecto al cine venezolano
Epale…! y por casualidad viste “Puras Joyitas”? para mi esta marca un buen hito en el cine venezolano, bien sea desde el modelo de producción hasta en el marketing y contenido del film. http://www.purasjoyitas.com/
Ah! por cierto, el cine venezolano al igual que el mexicano o de otros países sin incluir USA, fue bastante bueno y elaborado. La gran diferencia radica en que el cine made in USA evoluciono en una industria para el entretenimiento, en cambio en muchos otros países se transformo en una especie de medio para la critica social.
Estoy de acuerdo con los comentarios de Hector, el cine venezolano tiene que hacer todavía mucho para salir del pozo sin fondo donde se había estancado y donde la unica diferencia con las peliculas producidas para la televisión eran la posibilidad de usar obsenidades (de las cuales regularmente se exageraba su uso) y desnudos que
eranestán restringidos en la pantalla chica.Con peliculas como esta (que no he visto aún perome han contado) y otras como puras joyitas y/o secuestro express (que me pareció mejor que la anterior) se nota el cambio de rumbo… y ojo, no me refiero a un cambio de rumbo hacia el estilo americano (comercial) que personalmente encuentro súmamente desgastado, sinó hacia temas e historias que trascienden los clichés sociales, religiosos, políticos y sexuales de los que no parecian querer salir nuestros cineastas. Y no es que estas nuevas peliculas esten ambientadas en otro universo libre de estas realidades, sino que en ellas se utilizan como fondo/escenario/soporte y nó como protagonistas de la trama.
Todavía nos falta mucho para llegar al nivel de (sólo mi opinión personal) otras obras como El orfanato, La mujer de mi hermano, Gordos (se las recomiendo) — que son ejemplos que considero son el renglón debe buscar nuestro cine: buenas historias con una narrativa excelente y que no neseciten 200 millones de dólares para que el producto final no sea un completo asco. Pero supongo que podemos decir que estamos comenzando a ver indicios de que en esta vida las veremos hechas en Venezuela.